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En los últimos 20 años el crecimiento del Síndrome Metabólico va de la mano con el aumento de la obesidad y el sedentarismo; por lo que una buena alimentación es lo más efectivo para combatirlo. Por ejemplo, el índice más bajo de Síndrome Metabólico lo ostentan las mujeres francesas (7%), un modelo de buena alimentación, mientras que el más alto la tiene la mujer estadounidense (57%), prototipo de un estilo de vida poco saludable.

Una alimentación rica en frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos, pescado y carnes blancas, pero reducida en carnes rojas, crema y mantequilla, como la Alimentación Mediterránea, que integra el aceite de oliva y el consumo moderado de vino tinto, reduce entre 20 a 40% la probabilidad de tener Síndrome Metabólico. Este tipo de alimentación no sólo te ayuda a prevenir este riesgo, sino que te permite revertirlo al cabo de dos años, reduciendo la posibilidad de infarto.

Probado en Chile

En 2006, el Centro de Nutrición Molecular y Enfermedades Crónicas de la Universidad Católica realizó un estudio de intervención nutricional en el ámbito laboral, confirmando estas conclusiones. Durante un año, los trabajadores de una empresa almorzaron de acuerdo al modelo mediterráneo, y los beneficios tanto personales como en el promedio del grupo, les fueron informados. La experiencia modificó sus hábitos de alimentación, con mejorías notorias y continuas de su salud: en doce meses la presión arterial descendió en un 15%, mientras que el Síndrome Metabólico en general, disminuyó en un 33%.

Entonces podemos afirmar que una Alimentación Mediterránea es una estrategia muy eficaz para el control del Síndrome Metabólico y sus consecuencias.