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El aceite de oliva es un componente fundamental de la dieta mediterránea, siendo una de las principales fuentes, junto con los frutos secos, de grasas de origen vegetal, especialmente de ácidos grasos monoinsaturados.

El aceite de oliva virgen contiene múltiples compuestos bioactivos y antioxidantes como polifenoles y fitoesteroles, entre otros. Los fitoesteroles y los ácidos grasos monoinsaturados contribuyen a disminuir los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) sanguíneo. Por otro lado, los polifenoles previenen la oxidación de estas partículas de LDL (que formarán parte de la placa ateroesclerótica), tienen un efecto anticoagulante , antiinflamatorio y regulador de la presión arterial. Mediante estos mecanismos, los componentes del aceite de oliva protegen al corazón y mejoran la salud cardiovascular.

Existen varios estudios científicos, tanto observacionales como de intervención que avalan un efecto beneficioso del consumo de aceite de oliva sobre enfermedad cardiovascular, generalmente en el contexto de una dieta mediterránea. Los estudios de intervención, randomizados y controlados son considerados la evidencia científica de mejor calidad. Entre estos estudios el reciente estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), demostró que el consumo de una dieta mediterránea rica en aceite de oliva o frutos secos puede disminuir el riesgo de infarto cardiaco hasta en un 30%. De esta manera se ha demostrado que el aceite de oliva, consumido en el contexto de una dieta mediterránea, es un alimento cardioprotector, y que debiera ser incluido en la dieta de la población general así como de aquellos con enfermedad cardiometabólica.

Catalina Dussaillant
 
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Catalina Dussaillant