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Son numerosos los estudios que muestran los beneficios de la práctica regular de ejercicio. De hecho, algunos expertos sostienen que, si el ejercicio fuera “comprimible”, probablemente sería la droga más prescrita por los médicos, ya que sus beneficios son innumerables y carece de efectos adversos. En este sentido es importante considerar que no es necesario realizar actividades de alta intensidad para beneficiarse de la actividad física, y que el simple acto de caminar puede ser un ejercicio fácil, accesible y muy positivo para la salud. Caminar es una actividad que puede realizarse en cualquier lugar, en la calle, en el parque o en el mall. Además, no requiere equipamiento especial y, al ser de bajo impacto, evita lesiones que pueden ser frecuentes en otros deportes como correr. Pero sin duda lo más importante es que caminar hace bien. Hace 2.400 años ya Hipocrates hablaba del caminar como la mejor medicina para el hombre y en la actualidad el estudio de enfermeras de Harvard, que ha seguido a aproximadamente 200.000 mujeres por 30 años, ha mostrado que aquellas que caminan en promedio 30 minutos al día tienen un riesgo entre un 30% a un 40% menor de desarrollar infarto cardiaco, cerebral y diabetes y entre un 20-30% menor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Caminar protege el corazón, incluso cuando se trata de una caminata lenta. A este paso, con 23 minutos diarios ya pueden empezar a verse beneficios, los que aumentan al prolongar la duración y apurar el ritmo. Asimismo, caminar puede proteger contra el desarrollo de diabetes tipo 2, especialmente en los que se encuentran en mayor riesgo. En diabéticos, incluso cortas caminatas pueden tener un impacto importante en el control metabólico, y 4.000 pasos diarios pueden disminuir la mortalidad en estos pacientes. Caminar también disminuye la presión arterial, un importante factor de riesgo cardiovascular. Se ha visto que en personas normotensas, esta actividad puede disminuir la presión arterial sistólica (el primer número) en 5 a 11 puntos y la diastólica (segundo número) en 3 a 8 puntos. En aquellos con cifras arteriales normales pero más elevadas (prehipertensos), se ha visto que realizar varias caminatas cortas durante el día puede traer más beneficios que realizarla de una sola vez.

Por otro lado, caminar regularmente puede prevenir fracturas en los adultos. Mantener los músculos activos los fortalece y evita caídas. A su vez, la actividad física fortalece los huesos por lo que una fractura se hace menos probable frente a una eventual caída. Adicionalmente, hay estudios que han mostrado que caminatas tan cortas como de 15 minutos pueden disminuir la ansiedad por chocolates y otros alimentos dulces, y que 45 minutos de caminata matinal puede facilitar la conciliación del sueño. Caminar tiene también importantes efectos a nivel cognitivo. De hecho se ha visto que caminatas de 8 km a la semana puede ayudar a conservar el volumen cerebral y reducir los problemas de memoria en personas con deterioro cognitivo leve o enfermedad de Alzheimer. También pareciera ser que caminar aumenta la conectividad cerebral por lo que las personas mejoran en procesos de planificación, estrategia y “multitasking”. Asimismo caminar regularmente mejora el ánimo y puede incluso ser un coadyuvante en el tratamiento farmacológico de la depresión. Se ha visto también que caminar protege las articulaciones y mejora el sistema inmune disminuyendo el riesgo de resfriarse. Finalmente, caminar proporciona momentos de disfrute de la naturaleza y una forma de descansar de las múltiples demandas y estresores de la vida cotidiana.

Queda claro entonces que, de ser posible, cualquier prescripción médica debiera incluir esta simple actividad, cuyos efectos para la salud superan con creces los efectos de cualquier medicamento disponible.

Esta columna fue preparada en base al reporte de la universidad de Harvard “Walking for health, special health report”

Catalina Dussaillant
 
Escrito por:
Catalina Dussaillant